Sobre magia y cazas de brujas

Hace mucho que no escribo… pero es simplemente porque no tengo demasiado tiempo para ello desde que tengo que andar con preparativos y otros asuntos para marchar a Islandia.

De cualquier modo, vengo a hablar de cosas interesante relacionadas con el susodicho país. Y es que hace apenas una semana que llegaron a mi casa dos libros, encargados al museo de magia y brujería de Islandia al que ya dediqué una entrada el año pasado más o menos *link* sobre precisamente eso, brujería.

Concretamente, uno es sobre la caza de brujas en el s. XVII y el otro son las transcripciones de dos grimorios de más o menos las mismas fechas, pero que fueron transcritos, recopilados y todo lo demás como dos siglos más tarde.

Apenas he tenido tiempo más que para ojearlos, y aún así ya puedo decir qué:

1.- los grimorios son muy útiles. No, no para lazar hechizos, ni bolas de fuego, ni para atraer tormentas ni nada de eso… pero sí para poder ir felizmente por ahí practicando la lengua islandesa en textos cortitos, con la traducción al lado *al inglés, eso sí* como soporte para ver qué tal se da el asunto.

2.- Islandia nunca dejará de sorprenderme. Me fascina un país en el que se marca el final de la Edad Media cuando ahorcan al último obispo católico. Me fascina un país en el que fueron acusados más hombres que mujeres con cargos de hechicería, toda una novedad, hay que decirlo. Me fascina un país en el que los “brujos malotes”, hacedores de todo mal, poseedores de saberes demoníacos, y que tienen en su haber los grimorios más peligrosos *y más anhelados* sean precisamente obispos y su parentela… los que en el resto de Europa, hombre, no es que estuvieran libres de culpa siempre… pero casi. O siempre. No sé, al menos yo no es que conozca demasiados casos de obispos como fuente de todo mal.

3.-me pregunto si existe alguna posibilidad de tener acceso a hacer algo con esos hechizos. Quiero decir… no sé, a lo mejor viendo para qué esta gente necesitaba hechizos se puede saber más de ellos.

A este respecto me llama poderosamente la atención el hecho de que la gente que tiende *en general, sé que hay loables excepciones* a sentirse atraída por la etapa medieval de Escandinavia, la idealiza, piensa en ella como en la época de Sigurð, una época pseudomágica… muy en la línea de la idealización medieval que se hacía en el renacimiento.

Sin embargo, aunque no puedo negar que hay momentos en que también tiendo a esa idealización, después de leer cosas como esos grimorios, esa necesidad de hacer la vida más fácil, les veo de otra manera.

Veo Islandia como una tierra hermosa y hostil, en la que sus habitantes tuvieron que aprender a vivir con lo que tenían, más bien a sobrevivir… donde el clima importaba mucho más que en el continente, donde salir a pescar y que hubiese tormenta podía significar no regresar nunca más. Tal vez, en el mejor de los casos, no comer en los días siguientes. Donde perderse en la noche podía significar la muerte. Y la noche allí es muy larga, y la oscuridad absoluta. Donde el ganado era importante, porque de él dependía la supervivencia.

Desde luego, estas cosas pasaban en el resto de Europa. Pero aquello es aún más hostil, no es cuestión de miseria o status, es cuestión de vida o muerte. Literalmente, sin dramatización.

Y a pesar de todo, ¿no es acaso en ese mismo entorno donde se desarrolló esa forma de versificación tan fascinante? ¿No son ellos los creadores de sagas, rímur y leyendas que, por diferentes al par que similares, conmueven de una forma en que otras no logran hacerlo?

¡Ay! Qué paradójico.

No tenían tiempo para pensar en lo moral o inmoral que sería que un sacerdote católico tuviera una docena de hijos o fuera célibe, pero lo tenían para componer versos sobre historias de amor entre elfos y humanos.

Lo dicho, fascinante. Y lleno de contrastes.

Diré de paso que no comprendo cómo algo así puede dejar indiferente a nadie.

Seguiré leyendo.

Estos son los libros, que como es evidente, están ahora de libro de cabecera en la habitación. los títulos ya dicen cuál es el de la caza de brujas y cuál el de los grimorios... El búho, a la sazón, es el familiar de la bruja. En este caso, de la völva. Se llama Ugla el bicho, no me anduve con mucha historia. pero vigila... ò_ó

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~ por kitiaralugrix en 09/04/2012.

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